domingo, 11 de abril de 2010

Reciclaje.

Recuerdo perfectamente el momento en el que Shostakovich pasó a formar parte de mi vida musical. Hace demasiados años ya, ojeando el programa que Radio Clásica me enviaba mensualmente a casa descubrí su nombre y me llamó la atención: Dmitri Shostakovich, suena bien, tiene buena pinta, a ver que esto.
La retransmisión comenzó con su sinfonía número 5 y el flechazo fue instantáneo. A partir de ahí lo de siempre: búsqueda desenfrenada de CDs, ansiedad por comparar versiones, descubrimiento de otras obras, libros relacionados con el compositor, etc.
Para colmo, descubrí que compuso para películas y mi alegría fue mayor. Por desgracia con el tiempo pude constatar que las películas para las que componía no eran precisamente obras maestras y la mayoría se limitaban a enaltecer a Stalin, pero aún así, hay temas de gran calidad recuperados en grabaciones cada vez más frecuentes de sellos discográficos que incluso recuperan la partitura completa.
Mi primer contacto músico-cinematográfico de Shostakovich fue The Gadfly, gracias, como no, al sello Naxos. Su Introduction sencillamente me dejó pasmado. El archiconocido Romance y el resto de temas pusieron el listón muy alto. Luego llegaron Hamlet, King Lear, Five Days, Five Nights, además de unas cuantas decepciones (las cosas como son).
No todas sus sinfonías son magníficas como la quinta, alguna incluso podría habérsela ahorrado, pero en general me apasionan, ganan por goleada las que sí me merecen la pena.
15 sinfonías y 15 cuartetos. Éstos últimos forman en mi humilde opinión uno de los más grandes legados de la música clásica, o seria, o culta, o la que no es de cine.
Y dentro de ese conjunto se encuentra el cuarteto número 8 que simplemente es PERFECTO. Sí, lo siento, ya he comentado en alguna ocasión que soy totalmente parcial cuando algo me gusta. No soy músico y desconozco si para un especialista en composición esta obra no está bien escrita o si para un entendido crítico músical es una sucesión insoportable de notas, pero es que me gusta, me vuelve loco.
Y esto me lleva al título de la entrada de hoy. Tras oir los cuartetos llegó a mis manos una grabación del trío para piano número 2 (gracias, cariño) y pude comprobar que había notas que ya conocía. No cabía duda alguna, pertenecían al cuarteto número 8.
La reutilización de temas a la lo largo de la carrera de un compositor es algo que siempre ha ocurrido y seguirá ocurriendo. Pau Donés lo sabe.
Espero que no os canséis mucho con los enlaces que os propongo que veáis y que disfrutéis al menos un poquito con ellos. A la hora de elegir los vídeos he tenido que optar por mejor calidad de imágen y sonido antes que por la de la ejecución de la obra.


En el primer enlace podéis ver una actuación en directo y ecuchar el Allegreto del Trío para piano Número 2 (ver a los músicos interpretar esta pieza siempre me ha gustado) y en el segundo enlace podéis escuchar una actuación en directo del Emerson String Quartet interpretando el segundo movimiento del Cuarteto número 8.

Ea, pues eso.



lunes, 5 de abril de 2010

Mediocridad

Da la sensación de que en la actualidad hay muy pocos compositores que ofrecen calidad dentro del mundo de las BSOs. Existe un grupo reducido que mantiene un buen nivel alternando decentes y magníficos trabajos con otros de gran categoría, pero se pueden contar con los dedos de una mano (los músicos y los trabajos).

Hace años uno se volvía loco al ver en las carteleras o en las revistas (internet ná de ná) los nombres de los encargados de ponerle música a las películas: Williams, Goldsmith, Bernstein, Morricone, Jarre, Delerue, Poledouris, Silvestri, Horner, Elfman, etc. Algunos ya estaban consagrados y otros empezaban. La lista es aún mayor porque me dejo en el tintero a varios que superan en calidad a la mayoría de los compositores actuales pero tampoco es cuestión de nombrar aquí a todos los que me gustan, con los que he mencionado es suficiente.

Da vértigo ver tanto genio y pena constatar que los que han heredado el oficio no están a la altura de sus antecesores. El causante de que escriba esto es el tema principal de Alice, de Danny Elfman. Es un tema redondo, perfecto, un tema de esos que se te meten en la cabeza y no dejas de tararear. De las últimas bandas sonoras que he podido escuchar con atención me quedo con esta y The Ghost Writer de Desplat. Dos temas principales de mucha calidad acompañados de mucho y buen oficio en el resto de la partitura. Pero claro, uno se acuerda de cuando era adolescente y tarareaba no uno, sino dos, tres, cuatro... muchos temas principales a lo largo del año.

El cine ha cambiado, la imaginación ha dejado paso al espectáculo fácil y a los efectos especiales y eso se nota a la hora de ponerle música. Algunos compositores ponen el "automático" y nos obsequian una y otra vez con lo mismo, otros intentan hacer algo digno pero sencillamente no les llega el talento y las "viejas glorias" que siguen en activo parece que tampoco están demasiado inspirados. Esperemos que solo sea una racha y que volvamos a disfrutar de muchos y buenos temas principales.